El despertar de la fuerza

Lo que te vas a encontrar en el cine es lo siguiente: Han pasado más de treinta años desde la caída del Imperio Galáctico, derrotado por la Coalición Rebelde. Luke Skywalker (Mark Hamill) ha desaparecido, mas hay un mapa que revela dónde está el último guerrero Jedi con vida. Muchos de los héroes de ya antes, Leia (Carrie Fisher), Han Solo (Harrison Ford), 854908990
Chewbacca, R2-D2 y C-3PO, aun están activos y luchan en la resistencia. Y es que la tiranía y la opresión no han acabado en la galaxia, que aun se halla en guerra. Una Nueva República ha surgido, si bien su gobierno es débil, un mero títere. Aprovechando la inestabilidad del sistema político y las diferencias de las diferentes corrientes republicanas, un enigmático guerrero, Kylo Ren (Adam Driver), ofuscado con terminar con los Jedi, amenaza la paz galáctica. El siniestro Ren lidera la Primera Orden, una fuerza fiel a la memoria de Lord Vader y Palpatine, surgida de las cenizas del Imperio Galáctico.

En frente de este despertar amenazante, el único recurso es un androide: BB-ocho, en él se halla el mapa para encontrar a Luke Skywalker. Dar esta valiosa información a la resistencia va a ser la meta de 2 nuevos personajes. El soldado imperial Finn (John Boyega), que reniega del ejército imperial, y Poe Dameron (O. I.), conduzco mandado por Leia para una misión esencial. Los dos se van a conocer en una celda, y juntos se las arreglarán para escapar de las garras de la Primera Orden.

En su huída, los fugitivos se estrellan en el planeta desierto Jakku. Allá, aparecerá un nuevo personaje: Rey (Daisy Ridley), una joven chatarrera, de gran fortaleza y que ha aprendido a valerse por sí sola, que lleva siempre y en toda circunstancia consigo una encalla. Este encuentro cambiará sus vidas y les embarcará en un intenso viaje para localizar al guerrero más poderoso de la galaxia, el Profesor Jedi Luke Skywalker. A lo largo de su aventura hallarán a los héroes de ya antes, y van a deber enfrentarse a la Capitán Phasma (Gwendoline Christie) de la Primera Orden, que lidera una tropa de ataque en busca del desertor Finn. La meta final de los rebeldes va a ser frenar los desalmados planes de Kylo Ren, temible guerrero que ase un sable de luz de color colorado de diseño infrecuente, y que representa a las poderosas fuerzas del lado obscuro.

Luke Skywalker ha desaparecido. De esta manera lo afirma la primera oración de los (míticos) títulos de arranque de la cinta y ese va a ser el primordial motor de la trama: el mapa de dónde está el último guerrero Jedi con vida se encuentra dentro de un autómata -el excelente BB-ocho, un hurta escenas y poseedor de los instantes culminantes de comedia de la cinta-, lo que implicará que los buenos -una chatarrera a la que abandonaron sus progenitores (Daisy Ridley) y un stormtrooper renegado (John Boyega)- van a tratar de dar el mapa a la resistencia y los malos -el Imperio, como no, nuevamente en alza; y el guerrero Kylo Ren (Adam Driver), líder de la Primera Orden (algo tal como las SS del Imperio)- van a tratar de evitarlo. No terminan ahí las semejanzas entre el Episodio VII y el Episodio IV, hay considerablemente más (ya lo descubrirá el lector cuando pase por taquilla), y es que J.J. Abrams ha buscado en su debut en el cosmos creado por George L. tanto crear una space opera excitante y vibrante, como honrar sin tapujo alguno a la trilogía original (no de este modo a la segunda efectuada, de la que prácticamente no hay huella). Y es que, Abrams ha hecho una película de fan a fan, a fin de que se me comprenda, ha seguido los pasos de Peter Jackson cuando lanzó La comunidad del anillo: una película efectuada desde la más absoluta pasión y con una devoción al material original casi religiosa, buscando crear nuevos entusiastas, está claro, mas sobre todo satisfacer el apetito Jedi de todos y cada uno de los adoradores de la saga (y ya van 4 generaciones de espectadores enganchados a exactamente la misma).

Star Wars: El despertar de la Fuerza

Conque, no va a haber cambios. O bien sí. Mas estos marchan mejor por reiteraciones argumentales o bien por rechistes privados que dan un valor diferencial a la cinta prácticamente extra cinematográfico. La apuesta de Abrams ha sido muy arriesgada: transformar su película en un juego de espéculos con el largo primigenio conmoverá a ciertos y es posible que no persuada a otros. Vamos, que si jamás has sido fan de Chewbacca, no aguardes ahora engancharte a ello por una pura cuestión de tendencia (y eso que Chewi protagoniza entre los picos sensibles de la cinta). Mas si eres de los que piensas que El imperio contraataca es entre las mejores películas de fantasía de la historia del género, indudablemente gozarás como un enano de la celebración-homenaje que ha pergeñado el directivo de Super ocho.

Curiosamente, los vibradores, los motores de esta película es sin duda,su primera media hora. Es en la presentación de los jóvenes protagonistas (y el de qué manera se marchan encontrando unos con otros), todos nuevamente tipo, donde la magia Star Wars marcha como un reloj suizo. Se palpa la desgracia, la emoción se traba en el paladar, uno anhela que la película avance para continuar descubriendo de qué forma ha evolucionado la historia tras décadas de parón (hay que comprender que la trama arranca años tras el fin de El retorno del Jedi). Para cuando comienzan a aparecer las caras conocidas, Abrams trata (y logra) que estas se integren en la narración como parte básica de ella, no como un efecto nostálgico como cameo casual (Han Solo es entre los protagonistas primordiales de la cinta; una lástima que Harrison Ford haya dejado sus mejores tiempos como intérprete años atrás).

Y ya en pleno delirio: me semeja bien interesante que la reiteración de giros argumentales y estilemas básicos en el cosmos Star Wars sirvan para preguntarnos si el término de entertainment que asoló en mil novecientos setenta y siete -no solo cambió la forma de hacer películas comerciales, sino más bien la propia industria cinematográfica- es válido hoy. Por el hecho de que si bien El despertar de la fuerza tenga un acabado digital totalmente pasmoso -semeja que avanzamos en todos y cada película en definición de pixel- y unas secuencias de acción brutales, el espíritu se sostiene rigurosamente leal al término original de L.. ¿Servirá esa mímesis como fuente de éxito o bien más bien ralentizará el knock-out del espectador? ¿Estamos delante del Psycho de Gus Van Sant o bien del Lejos del cielo de Todd Haynes (por poner 2 ejemplos claros de mímesis, una a nivel estético, otra a nivel ontológico)? El tiempo nos lo afirmará. De momento, lo que puedo decir es que me lo he pasado a lo grande viviendo El despertar de la fuerza. Y que, claro, pienso reiterar. En más de una ocasión.